Venus… Con una úlcera en el ano por Patricia López

Como de un ataúd de hojalata verde, emerge… Lo bello, todas las encarnaciones, imágenes y símbolos que nos llevan a decir “eso es bonito”, “eso es precioso”. Una pintura, un cielo, una cara. Se nos presenta como algo que descubrir, escondido de la mirada rápida, como la verdadera belleza que surge tras la apariencia de las personas. Queremos definirla, creemos y lo hacemos…una vieja bañera, lenta y lela, una cabeza… Hoy en día en cualquier lugar y con cualquier forma, va surgiendo desde cualquier esquina, desde cualquier borde, hasta que todas las posibilidades de definir “lo bello” se ensanchan y abarcan gustos de sexo y raza, ideologías políticas y religiosas, intereses económicos y personales y objetivos que se amparan en cualquier tipo de interés: dos manchas en un fondo negro, un rostro asimétrico, una carencia, una deformidad construida a propósito… de mujer, de pelo oscuro y muy engominado,… encarnación absoluta de lo bello. Sí, la figura femenina, portadora de los atributos que constituyen la primera belleza, prototipo, a primera vista solo y solo eso. Como Venus, para ser consumida en pequeñas migas o grandes mordiscos…y con carencias harto mal remendadas. ¿Carencias? ¡Lo bello es absoluto!-gritan.

Después, el cuello graso y gris, y los angulosos… sí, carencias, faltas, manchas, lunares que se borran con mil y una técnicas aprendidas, estudiadas, repensadas para abrazar todo tipo de vías de escape de eso: el error. Para que lo bello se imponga sin dificultad y creamos que sólo existe esa diosa, esa máxima…omóplatos; la espalda breve que asoma y desaparece; imperfecciones que nos recuerdan que la belleza no es absoluta; imperfecciones que nos asoman a ese otro mundo: el de la bestia. En la distancia entre la mirada rápida y el ojo observador, existe ese espacio de los pequeños y luego más grandes elementos que nos recuerdan que en el mundo hay diferentes mundos y que en el de lo bello también está en lucha constante con el de la bestia. Todo y todos siempre en guerra. ¿El de la bestia? …las redondeces del lomo, que parecen alzar el vuelo;… la abundancia de vello, la demasiada anchura de una boca, dos ojos guiados por dos milímetros diferentes de dirección, un bulto abultado, una cumbre negra en la punta de la nariz, una pierna corta, el rayo de una caída, una costra del dolor, una mano agarrotada. La verdad es que la bestia nunca se ha escondido ni se esconderá eternamente bajo la cama o tras el armario, sabe abrir la puerta y se asoma tranquilamente por la ventana…. la grasa, bajo la piel, dispuesta en capas; todas ellas encarnaciones de la bestia, es decir, la anulación de todo ideal de perfección, de todo deseo de eliminar lo equívoco y vivir en lo puro, correcto y exacto. Sin embargo, justificar la existencia de estos elementos, llamémosles personificaciones y materializaciones de la existencia de una bestia, de ese otro mundo feo, es en cierta manera dialogar con Roland Barthes. Si para el crítico francés el barómetro de Un coeur simple de Flaubert es ese punto de apoyo y contacto con lo real, es decir, denota directamente lo real significándolo sin decirlo, ya no estaríamos ante un detalle “superfluo”, ni tampoco ante una “imperfección”. Pues, ¿no podríamos comprender estas encarnaciones como símbolos o marcas de la presencia de una realidad humana antagonista a la perfección que defiende la técnica? El desperfecto y la deformidad humana olvida, en un primer momento, de hacer del detalle una exigencia de la finalidad estética y simboliza directamente, en términos de imperativos “realistas”, lo comúnmente llamado “realidad concreta”, la representación pura y simple de la realidad, la relación desnuda de “lo que es”, la vida de los que nos levantamos cada mañana y ponemos los pies en el suelo. Porque, señoras y señores, la piel lisa de una sola tonalidad blanca y transparente solo está en el David de Miguel Ángel, en las portadas de revistas de masas, en las vallas publicitarias que ahogan nuestra vista de la ciudad. Pues en verdad es la siguiente: los cuerpos armoniosos sólo se construyen a lápiz o ratón. Mientras que esa verruga que escondemos, hija de la bestia, es la manifestación de la realidad.

…y el espinazo enrojecido. El conjunto desprende un sabor… del que nos cuesta aceptar que en lo bello no esté presente la sombra de la bestia, que ambos mundos se toquen y se den la mano, que todo lo bello también es hijo o hermano o amante de la bestia. Nos creemos las imágenes como nuevos santos de nuestra era, cuando de hecho no existen más que en un universo de imaginación y traza. En el metro viajamos acompañados de carne y hueso real, caras a las que nunca se les llama preciosas porque se creen ser hijas de esa bestia…extrañamente horrible, y se advierten sobre todo… que la inseparabilidad entre lo bello y la bestia debería convertirse en un principio, cuya transformación nos derive a la verdad de poder afirmar que “eres guapa pero imperfecta”, “eres feo pero bello”, “es perfecto pero incompleto”, “es deforme pero atractivo”. ¡Unir, trazar puentes, dialogar!…singularidades que hay que examinar con lupa… pues ya bastan esas constantes parejas, a todas horas, del bien y el mal, del amor y del odio, de la vida y de la muerte. Es un hecho: si no somos capaces de juzgar con una ley universal, porque hay muchos tipos de “bien” y muchos otros tipos de “mal”, ¿por qué nos concentramos en enmarcar y encerrar la belleza y la fealdad en cuatro paredes bien rígidas, sin ranuras ni grietas posibles? La oposición no es tan simple, decidir entre el “sí” y el “no” sobrepasa en muchas ocasiones la lógica de las parejas de conceptos. ¿Por qué la vida se presenta como una elección entre uno u otro?¿Por qué siempre hay que elegir?¿Porque Bella no puede ser amante de Bestia?

Los riñones llevan inscritas dos palabras: Clara Venus,… aunque la figura de la diosa se erija y se imponga en nuestro mundo constantemente y apele, como todo ente divino, a una única respuesta, a una sola verdad, a la pura adoración, conocemos ya ese otro lado: el de la verdad subjetiva. Sí. Si cada cuento es una voz, la voz del héroe frente al villano; si cada mundo es un punto de vista, la galaxia de los límites del conocimiento del niño ajeno a la razón del adulto; si cada sabor es un gusto, un helado de fresa en mi boca y ya no en la tuya; ahora, cada belleza es un individuo. Yo digo qué es mi belleza y tú dices qué es tu belleza. Nos amamos y convivimos en la multiplicidad de bellos, bonitos y preciosos…y el cuerpo todo rebulle, y ofrece su ancha grupa,… al luchar por la verdad de que toda belleza es subjetiva. Pregúntenles, si no, al principio que estructura y divide las manifestaciones artísticas, resultados de una concepción de la belleza determinada, que ha dado lugar al conjunto de la Historia del Arte: la figura esbelta en línea oscura de un ánfora; las anchas cadenas de unas Gracias; el porte de la Libertad; la mirada atrevida de una Olimpia; la desnudez descarada y recta de una demoiselle d’Avignon. ¡La belleza es subjetiva! –gritamos. …horrenda y bella, con una úlcera en el ano.

Y, sí, Venus tiene una úlcera en el ano. Rimbaud

Patricia López

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Referencias bibliográficas

El efecto de realidad,  en Roland Barthes, El susurro del lenguaje. Más allá de la palabra y la escritura, Paidós Comunicación, Barcelona, 1999

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