Por si vuelves por Esmeralda Barreyro

“Así de simple…ni yo me voy ni vos te quedás.”

No mires para abajo, Eliseo Subiela

Vale que empezó con lo del sexo tántrico, pero ahora ya viajabas, sin moverte del lugar, siempre que te lo proponías. Además hace años que hasta elegías los destinos. Es verdad que solían ser viajes cortos, pero sólo porque no podías pasar mucho tiempo sin prestar atención al presente. Al principio, tus primeros viajes premeditados los programabas en momentos precisos del día en que estar ausente no fuera un problema, pero aun y así, algunos se percataban de tu mirada perdida; y esas primeras veces tus paseos por ciudades extranjeras se veían interrumpidos por algún codazo, o porque alguien repetía tu nombre con vehemencia. Yo misma alguna vez, con un gesto brusco, te habré hecho volver de Praga o de Taipei, cómo saberlo.  Sin embargo, últimamente, -y espero que no creyeras que no me había dado cuenta- fingías todo el tiempo. Ni siquiera te molestabas en buscar un rincón, un momento del día en que nadie fuera a interrumpirte. Fingías con alevosía y tu técnica era realmente prodigiosa, porque hasta yo, que he sido testigo de tu don desde el primer día (aquel fatídico día en que te convencí para probar el sexo tántrico), no me enteraba de que no estabas hasta que pasaban ya unas cuantas horas: en la consulta del médico, en reuniones familiares, en cenas de cumpleaños con amigos… Eso cuando me daba cuenta y estaba a tiempo de hacerte volver. Sucedió más de una vez y más de dos, en que yo no sabía que estabas fuera y pasaba días enteros sin ti y sin saberlo; que si no te llamaba yo, no volvías, porque por lo visto ahí en tus viajes el tiempo transcurre mucho más lento. Y así estamos, llevas fuera cuatro meses y medio. Tus amigos ya empiezan a preguntarme por qué no contestas las llamadas; tus padres que por qué ya no les invitas nunca a comer;  los niños que qué pasó con los domingos en el parque. Yo, la verdad, a estas alturas, me conformaría con saber por dónde andas y si es bonito el paisaje, porque te vas a quedar ahí, créeme, que yo no vuelvo a llamarte.

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