Major Tom por Juan Martínez

Llevo ya tanto tiempo de viaje que no puedo decirles con exactitud el día y la hora que es. Desde aquí el tiempo se siente de otra manera, medirlo como en la Tierra carece de sentido. En mi muñeca llevo el Omega que patrocina la expedición. Aseguraban que aguantaría sin problemas un viaje de este tipo pero se equivocaban, se ha parado exactamente a las 10 y 10. Las agujas forman sobre la esfera un símil de sonrisa, parece que hasta el reloj se quiere reír de mí.

En Pasadena no me prepararon para esto.

– Major Tom, pasará usted a la historia. No habrá nadie que no sepa su nombre, será recordado por los siglos de los siglos. Los niños vestirán camisetas con su cara (piense bien qué frase dirá al llegar), las mujeres lo desearán como nunca lo han hecho y los hombres le envidiarán porque usted habrá podido llegar donde nunca el ser humano ha llegado.

Yo, en realidad, señores, no quería llegar tan lejos.

El viaje hasta la Luna fue muy bien, la travesía se hizo larga, pero como ya sabíamos, son cosas de la adaptación. Perdí algo de peso y vomité en varias ocasiones, no es sencillo comer mientras flotas. ¿Quieren que les cuente algo gracioso? Cada vez que abría un paquete de comida liofilizada lo hacía con mucho temor, pensando que, como vi una vez en una serie, la comida iba a salir disparada en pedazos diminutos por la sala de control y se colaría por las ranuras de la aeronave estropeando, así, todos los aparatos. Varias noches he soñado con eso. Si lo piensan fríamente verán que es totalmente imposible, todo está perfectamente sellado. Creo que entre tanto control mi mente necesitaba pensar que había algo “descontrolado” para sentirse, para que me sintiera algo más humano y conectado con el resto de personas. Ven, hablo de mí como de un extraño. Perdónenme, es muy difícil escribir después de todo lo ocurrido.

Recuerdo las palabras desde la Tierra: – Ground control to Major Tom… ground control to Major Tom. Check ignition and may God’s love be with you.

Los problemas comenzaron al entrar en Marte. Perdí la comunicación con la Tierra. Tampoco he intentado con mucho afán lograr de nuevo algún contacto con la base. No tiene sentido, la aeronave está destrozada y no voy a poder volver.

La vista no es tan hermosa desde aquí como lo era desde la Luna, ¡qué preciosidad! Se veía la Tierra tan azul. No crean a aquellos que dicen que se ve la muralla china, al menos yo no logré verla. Las estrellas de alrededor brillan mucho más cuando estás en un cráter lunar. Apreciaba Venus tan blanco que en contraste con el vacío parecía un ojo mirando desde la lejanía.

Desde aquí contemplo nuestro planeta, se ve muy pequeño. Pienso en mi mujer. La galaxia que se divisa al norte evoca recuerdos de su espalda, preciosa, llena de pequeñas pecas que, juntas, son como estas estrellas. La echo tanto de menos. Por cuántas tonterías nos hemos peleado, tanto sufrimiento para nada.

Dejo este escrito, a falta de algo mejor. Noto que me flaquean las piernas y cada vez tengo más frío. Estoy tumbado en el suelo, tapándome con el paracaídas. Díganle a mi mujer que nos volveremos a encontrar en un planeta mejor que todos los que podríamos en vida visitar.

Mi frase al aterrizar en la corteza de Marte no ha quedado muy histórica, pero mientan, inventen algo bonito que los niños puedan lucir en las camisetas. Las mujeres no me importan, con la mía me basta. Y los hombres, que no me tengan envidia, no creo que valga la pena lo que pierdo con lo que he ganado por llegar aquí.

Se despide de toda la humanidad,

Major Tom.

(Escrito bajo los efectos de la música de Bowie, concretamente, Space Oddity)

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