La primera representación teatral de Strindberg en Barcelona por Fany Ferran

El próximo 14 de mayo se celebra el centenario de la muerte de uno de los dramaturgos más relevantes e influyentes del siglo XX. Muchas de las obras de August Strindberg – Fadren (El Padre, 1887),  Fröken Julie (La señorita Julia, 1888),  Till Damaskus (El camino de Damasco, 1898) o Ett drömspel (Un Sueño, 1901) –forman actualmente parte del repertorio universal. Instaurador del Naturalismo en Suecia, también está conside- rado como uno de los pioneros del teatro expresionista.
A pesar de que a finales del siglo XIX los escritores escandinavos Ibsen, Bjørnson y Strindberg tuvieron un papel relevante en la renovación de la tipología de drama y en la aportación de planteamientos innovadores que buscaban desvelar las conciencias, no siempre fueron comprendidos por la sociedad de su tiempo. Además, la personalidad de Strindberg, polémica y extravagante, no facilitó la difusión de su obra. A finales del siglo XIX, las representaciones de sus obras en teatros de carácter profesional no estaban permitidas por la censura, y en determinados teatros de arte o experimentales sus producciones eran interpretadas incluso con importantes cambios y cortes respecto al original. La introducción del teatro de Strindberg en Europa vino acompañada de polémica, incomprensión y feroces críticas. En Francia, el estreno de Mademoiselle Julie en el Théâtre Libre el 16 de Enero de 1893 escandalizó a gran parte de la prensa del momento mientras que en Italia, el estreno de Il Padre en el teatro de Al Valle de Roma el 14 de Noviembre de 1893 se convirtió en un auténtico fracaso. Incluso en Alemania, a pesar de ser un país en el que Strindberg terminó por ser bien acogido, las primeras obras estrenadas en Berlín fueron también recibidas, mayoritariamente, con el desconcierto y la incomprensión del público asistente. Der Vater (El Padre), representada el 26 de septiembre de 1890 en la Freie Bühne de Berlín por reconocidos intérpretes llegó incluso a ser prohibida por la censura.
Barcelona no fue una excepción. Se hablaba poco de Strindberg a principios del siglo XX a pesar de que, no sin dificultades, durante la primera década del siglo se había conseguido constituir en nuestro país una sociedad cultural, minoritaria, compacta y solidaria, interesada y consumidora de las novedades artísticas extranjeras.
Durante estos años aparecen algunas noticias en la prensa sobre las primeras representaciones del teatro de Strindberg en Europa y especialmente en París. Además, durante la primera década del nuevo siglo se publican las primeras traducciones de sus obras.
La librería barcelonesa de Antonio López da a conocer La señorita Julia en 1903 y El Padre dos años después dentro de la colección “Teatro Antiguo y Moderno”, mientras la colección “El Teatro Extranjero” de la editorial Presa incorpora en 1904 una nueva traducción de El Padre y la primera traducción de Acreedores (1905). En todos los casos se trata de traducciones al castellano que aparecen en colecciones de cariz popular.
La primera representación teatral de Strindberg llegó a Barcelona en estas fechas. La obra escogida fue El Padre, que ya se había representado anteriormente en otros paí-ses y que constituye una de las obras más emblemáticas del escritor sueco en el marco del teatro naturalista. El Padre se estrenó el 18 de Octubre de 1905 en el Teatro Apolo gracias a la compañía de Enric Giménez y Adelina Sala, según la traducción al español de Carles Costa y Josep M. Jordà. Se trata de una obra de marcado carácter autobiográfico, en la cual Strindberg muestra un conflicto de principios e intereses donde la educación de la hija del matrimonio protagonista se convierte en un duro enfrentamiento entre padre y madre. La astucia de la mujer, que genera dudas inquietantes en el Capitán sobre la paternidad de la chica, acaba por dominar e imponerse sobre la inteligencia y la voluntad del marido.
Aunque a primera vista El Padre parece un drama de familia como los que circulaban en la época en numerosas versiones, esconde detrás una tragedia dura e implacable basada en la lucha de sexos y concebida desde la subjetividad del propio autor.
En El Padre encontramos todos los elementos que caracterizan las obras de Strindberg escritas durante la década de los años ochenta del siglo XIX. Dos mentes enfrentadas y dispuestas a destruirse la una a la otra y a cometer un crimen en que resulta imposible encontrar al culpable.
Se trata de una lucha por la existencia que tiene relación directa con las teorías darwinianas de la lucha de las especies donde el más fuerte sobrevive al más débil. Strindberg relacionaba esta lucha de cerebros con la sugestión y consideraba que en el individuo existe la voluntad de dejar la huella de su capacidad de sugestión en los demás.
De esta manera, el cerebro del pensador, el escritor o el hombre político, podrían provocar que el cerebro de los hombres comunes funcionasen automáticamente. En paralelo, el actor se veía capaz de hipnotizar a su público y conducirlo a aplaudir, reír o llorar. De aquí que la lucha por el poder no era otra cosa que una lucha de cerebros. Si en apariencia este tipo de lucha era la menos sangrienta, no por esta razón dejaba de ser la menos terrible.
El feroz encuentro entre hombre y mujer que se muestra en El Padre también es una constante en los textos de este periodo. Los perso-najes femeninos aparecen a menudo como si estuvieran privados de conciencia y dotados de diabólicas intenciones en la búsqueda de la destrucción del macho. El Padre, por tanto, se incluye en todo un conjunto de obras marcadas por un profundo pesimismo y una sote-rrada misoginia.
Desgraciadamente, esta representación tuvo muy poca repercusión y continuidad. Tan sólo hay que echar un vistazo a la prensa de la época para percatarnos de que fue una obra que apenas pasó desapercibida y que ni la interpretación fue la más adecuada ni la compañía disponía de los medios pertinentes para ofrecer un estreno de calidad. El diario El Liberal mencionaba: “No había críticos, ni aquellos amigos íntimos que en cualquier otra representación se les ve que acompañan a los autores.”2 La crítica también se mostró bastante unánime al considerar la obra demasiado exagerada, llena de terribles conflictos con personajes neuróticos y pesimistas que protagonizaban exaltadas pasiones y agitaciones violentas. En definitiva, se trataba de una obra con múltiples incongruencias y con una temática que no acababa de convencer: “Hablando sinceramente diremos que El Padre no nos ha convencido ni nos convencería seguramente aunque la viéramos mejor representada. Es una producción, original, sí, pero descabe-llada; de un fondo exagerado y de una finalidad abrumadora. Toda ella no es más que un sarcasmo basado en el prejuicio funesto de la duda en la auténtica paternidad, del que tan perjudicados salen hombres y mujeres.3”
Además, hay que considerar también que el estreno de esta obra se inscribía en un marco muy concreto, las actividades realizadas por el Ateneu Enciclopèdic Popular entre las cuales convenía la organización de representaciones de textos dramáticos en el Teatro Apolo con la finalidad de dar a conocer autores y obras representativos del teatro moderno. En este sentido, sabemos que la representación de El Padre fue precedida por una conferencia de uno de los traductores, Josep M. Jordà, que se publicó en La Publicidad4, donde era redactor, con la finalidad de acercar al público un autor y una obra polémicos.
Difícilmente se habría estrenado una obra de las ca-racterísticas de El Padre en otro ámbito porque, no nos engañemos, la tendencia general que predominaba en la cartelera de la escena profesional barcelonesa era el sainete, el cuadro de costumbres y la comedia fácil.
En otros términos, los géneros característicos del teatro popular típicamente ochocentista continuaban siendo los preferidos en la programación de los teatros de principios de siglo. Incluso en la conferencia previa a la represen-tación de El Padre, Jordà admitía que la obra podía causar una extraña impresión y desconcierto entre el público, poco acostumbrado a ver un teatro de esas características. El teatro de Strindberg se alejaba del teatro que tenía por objetivo el puro entretenimiento ya que era capaz de mostrar los problemas, las injusticias y las inquietudes de la sociedad del momento utilizando además una estructura de gran modernidad en la que el discurso devenía mucho más directo sin los efectismos y las antiguas fórmulas a que confesaba Jordà, desgraciadamente estaban demasiado acostumbrados.
En conclusión, a pesar de que es evidente que Strindberg no tuvo el relevo en Cataluña ni tampoco una influencia notoria entre los dra-maturgos catalanes modernistas, no se puede negar aun así que en los primeros años del siglo XX hubo un cierto intento de dar a conocer su teatro a través de un nombre limitado de traducciones y sobre todo con la representación de El Padre en 1905. No obstante, Strindberg quedó en la sombra de otros autores extranjeros, como Hauptmann y especialmente Henrik Ibsen, que tuvieron una influencia más que notoria en la escena catalana a partir de la década de los noventa del siglo XIX. A pesar de todo, este estreno de El Padre marca el origen de las representaciones de Strindberg en Barcelona, ciudad que tuvo que esperar casi veinte años para ver sobre el escenario una otra del autor sueco.5

[1] Artículo elaborado a partir del trabajo de investigación “Strindberg a Barcelona: 1903-1936” del Máster Oficial Interuniversitario de Estudios Teatrales (septiembre, 2010). <http://www.recercat.cat//handle/2072/97277>
[2] JUÑER. “Los Teatros: El Padre”, El Liberal, 19-X-1905, edición de la noche, p. [2]; JUÑER. “Los Teatros: El Padre”, El Liberal, 20-X-1905, edición de la mañana, p. [2].
[3]  N.N.N.: “Teatros”. L’Esquella de la Torratxa, (1899, 27-X-1905, pág. 715.)
[4]  “Antes de la represen-tación, el actor señor Piera leyó una conferencia del Sr. Jordá, en la que se da una idea general del teatro de Strindberg y se estudia la tendencia del drama El Padre y de los personajes que en él intervienen”. La Publicidad, ed. mañana, 19-X-1905, pág. 2. La conferencia se publicó en La Publicidad el 19 de octubre de 1905. (José Mª JORDÁ. “Estreno de El Padre de Strindberg”. La Publicidad, 19-X-1905, edición de la noche, p. 1.)
[5]  Hasta 1925 no se estrena Créanciers (Creditors). Créan-ciers fue representada en el marco de les Gales Karsenty por una compañía francesa de prestigio, encabezada por la actriz France Ellys, que ya había estrenado la obra en París años atrás. Un año después, se estrenaba nuevamente El Padre (1926) por  una compañía argentina – la de Matilde Rivera y Enrique de Rosas – que dio a conocer la obra en el Teatro Goya con carácter excepcional como función de beneficio por el actor Enrique de Rosas. No fue hasta 1936 que encontramos la primera representación en catalán de una obra de Strindberg con la representació de Davant la mort por parte del Lyceum Club, uno de los grupos amateurs que destacaban en aquella época.

[revista completa]

 

 

Submit your comment

Please enter your name

Your name is required

Please enter a valid email address

An email address is required

Please enter your message

Acrocorinto © 2018 All Rights Reserved

http://acrocorinto.com/wp-content/uploads/2011/12/acrocorinto3.jpg

Designed by WPSHOWER

Powered by WordPress