Corea del Sur, por Alberto Lebrija

El acceso a las siguientes notas está protegido por un acuerdo de confidencialidad entre el autor y su fuente. Lo que el lector está a punto de leer forma parte de unos folios encontrados en el desván de una de las víctimas de la ciudad de Pyeongchon y están relacionados con la enfurecida masacre cometida por el oficial de policía Woo Bum-kon el día 26 de abril de 1982. Estos papeles conforman una especie de “testimonio” previo por parte del perpetrador. Cada uno es libre de sacar sus propias conclusiones.

1.

La entrevista que se detalla fue parte de una ronda de tres encuentros en donde la cadena nacional KBS se acercó al señor Suh Chung Hwa bajo el pretexto (ya tan solicitado en ésos días) de encontrar un pequeño héroe de alguna comunidad perdida de la geografía peninsular y no comunista de Corea. El Sr. Suh no sólo fue un distinguido abogado en su juventud, sino también un elemento destacado de los Marines de Corea hasta llegar a ostentar el título de Ministro de Justicia durante el periodo del presidente Chun Doo Hwan.

En el marco de los Juegos Olímpicos de Seúl, no era únicamente la capital la que quería mostrar el pujante tigre asiático, sino algo más discreto pero igualmente aleccionador acerca de cómo es una sociedad en donde la eficiencia y la eficacia son el anverso y reverso de una concepción del mundo equilibrada, ordenada y opulenta.

En este caso la elegida fue Uiryeong, famosa por haber sido herida seis años atrás por la mayor tragedia provocada por el hombre hacia el hombre: la rabia inexplicable de un hombre cegó de forma permanente cincuenta y seis vidas en un transcurso de ocho horas. Lo que se detalla a continuación es un extracto de un texto no autorizado para su publicación por parte de la KBS debido al contenido sensible del mismo.

2.

-No será siempre Lee Byung –chull[1] el que acapare las miradas cuando hablemos de Uiryeong de ahora en adelante.
-¡Ya era hora después de tantos años de ese bribón buscando siempre la primera plana! [risas]
-Y díganos señor Suh, ¿qué tan importante fue su periodo como Ministro de justicia?
-Ha sido el honor más grande que ha hecho mi país por mí… [se detiene pensativo] y también el peor de mis errores.
-Nada mejor que conocer las dos caras de la moneda…
-En este caso es diferente… en este caso es… es más que mirar dos caras. De hecho, fue una cara muy concreta muy… [suspiro]
-Un cargo de enorme responsabilidad, es normal que hayan muchas aristas y que éstas permitan mirar mejor los hechos.
-No es eso tampoco. Escuche, no quiero ser evasivo, pero ¿podemos terminar la entrevista? No me estoy sintiendo bien.
-¡Claro señor Suh, no hacía falta tener que esperar tanto! Shin, ¡apaga la cámara!

3.

Su mirada fue impresionante Kim. Nunca había visto algo así. Cuando lo miré fijamente pensé que estaba bromeando. Pero hubo ese matiz en la mirada, esa sensación de que la verdad está siendo invadida por una cosa omitida que la empaña de mentira. ¡Y cuando digo que no grabes nada Kim y que esto no puede salir de aquí es en serio! Nunca es bueno enemistarse con el Cuarto Poder y siempre has sido un buen periodista y un buen amigo de la administración.[2]

Se lo aseguro, señor Suh. La ética es mi vocación humana preferida.

4.

Todo ocurrió en una cena de trámite de los Marines, la típica noche donde para que los ricos abran sus chequeras tienes que hacerles ver que somos nosotros los que estamos poniendo el pecho ante los locos del Norte.

Como siempre el paralelo 38 era objeto de chistes llenos de sorna. Y la agonía de las bromas se acompasaba con vasos vacíos sobre la mesa y Woo mirándolos fijamente.

De pronto abrió los ojos como si acabara de despertar de una pesadilla. Me miró a lo lejos con unos ojos cubiertos por cataratas de desconcierto. Pensé que estaba demasiado borracho y que lo mejor sería llevarlo a casa. Me acerqué y me dijo: “Suh, tengo que decirle algo… por favor, necesito que me escuche. Me estoy volviendo loco”.

Caminamos al final del salón, en donde había una amplia terraza que justamente ahora se encontraba vacía y sin visos de querer ser visitada en lo inmediato. Cuando salimos Woo no dejaba de jadear “la mano de doncella en el pecho es preludio de muerte. La primavera se desluce con flores hinchadas de sangre.

-¿Estaba tan borracho?-preguntó Kim
-No había bebido una gota.

“¿Es alguno de los poemas que aprendiste en Ungye-Ri? No me extrañaría, la gente de esa zona es muy rara. Lo inhóspito a veces hace que la gente…”

No lo entiendes Suh, dijo con la mirada encendida de odio. Si Chun Mal-soon me llega a despertar algún día, va a ocurrir mi peor pesadilla… mi muerte.

Woo Bum-kon, nos vamos a casa en este mismo instante, deliras.

Días después de la masacre, Chun Mal-soon me explicó que el día en el que Woon Bum-kon estalló en ira, ella mató a un mosquito en el pecho tratando de hacerle una broma pesada. Cuando su palma se proyectó sobre su pecho indefenso, Woo no se movió. Dio un respiro suave y miró a Chun a los ojos. Le dijo algo así como: no sé leer tus ojos, pero intuyo las letras de todas las muertes de la primavera roja.

Después de esa frase, ocho horas de barbarie.
Y después de esa frase nunca más la he vuelto a ver.

[1] Nombre del fundador de la empresa Samsung (N del T.)
[2] Kim GyeongIn uno de los más reconocidos periodistas de Corea del Sur de los últimos 30 años. (N. Del T)

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