Entrevista al viajante. Carlos Skliar

Entrevista al viajante por Edmar T. Vega y Roser Martínez

“Si el otro no estuviera ahí no habría mundo, no habría percepción, no habría nada.”
Carlos Skliar

¿Quién es Carlos Skliar?

Carlos Skliar es Doctor en fonología con especialidad en problemas de la comunicación humana. Llevó a cabo trabajos de post-doctorado en el Instituto Italo-Latinoamericano de Roma y posteriormente en la Universidad Rio Grande do Sul de Porto Alegre, Brasil. Durante el período de 2007-2010 fue director del Área de Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO/Argentina. Ha publicado diecinueve libros entre ensayos, obras propias y textos colectivos, tres poemarios de los que se destacan Hilos después (2007) y Voz apenas (2009). Desde 2005 conduce un programa de radio en Buenos Aires bajo la impronta del “Preferiría no hacerlo” de Bartleby. De sus estancias en Barcelona frecuentes desde 1990, surge su último libro No tienen prisa las palabras (Editorial Candaya 2012).

A Carlos Skliar lo conocimos entre encuentros literarios y lecturas junto a Chantall Maillard. Su carácter afable y cercano rápidamente nos cautivó, pero no fue hasta la presentación de No tienen prisa las palabras (Editorial Candaya 2012), su último libro escrito durante su estancia en Barcelona, que encontramos en él la figura del viajero que andábamos buscando. Ahora lo esperamos en un bar, horas antes de su regreso a su Argentina natal, somos unos afortunados. Una vez que aparece, rompe el hielo contándonos su reciente aventura por la Capadocia y poco a poco desvela el viajante que lleva bajo su piel.


¿Cómo ha sido la experiencia con este último libro?

A pesar de que había publicado poemas, las editoriales de poesía no tienen espacio en librerías, puedes presentar el libro pero no obtiene impacto. Hasta entonces siempre pensé desde el punto de vista de la propia producción escrita: ¿Qué has escrito?, ¿Qué escribís? Pero escribir es sólo una parte, y yo no conocía la otra, de la que se encarga la editorial. A partir de este libro aprendí que una editorial te hace escritor desde el mundo literario.

Un viaje, ¿no?

Sí, es otro viaje donde el libro sigue teniendo una vida que en mis otros casos no conseguía. Yo sentía que el libro no tenía vida propia, que a partir de ahora era cosa del lector, no mía, y me doy cuenta de que aún hay un trayecto que tengo que hacer con él.

Del viaje descrito en el libro, ¿cuál es la sensualidad, esa emoción, ese razonamiento que tú viste o sentiste?

Para mí hay dos detalles que componen esa erótica y esa sensualidad de este libro. Uno es claramente el paseo, es un libro, una escritura construída a partir de la posibilidad de un caminar sin urgencia, de un caminar sin destino y de un caminar sin utilidad. Recuperando el aire fresco, la mirada, el aliento, el oído, que es para mí la primera sensualidad. Todo tuvo que ver con una extraña sensación de no mirar ni hacia atrás ni hacia delante durante el paseo, sino hacia los lados, y creo que eso dilata el mundo, dilata el cuerpo, lo abre de tal manera que sólo existe el presente mismo.

¿Eras como un observador?

Yo no sé cuánto era de observación o de pura perturbación. De alguna manera la piel se había abierto tanto que escuchaba todo, veía todo pero no estaba observando en el sentido clásico de la palabra. Lo que estaba es, quizás, tan abierto en el sentido poroso que creo que empecé a escuchar cosas que antes no escuchaba, a ver cosas que antes no veía,  y entonces ahí apareció la posibilidad de mirar, escuchar y tocar todos los sentidos.

Más que un diario de viajes es un álbum. Quizá si tomamos una de esas imágenes y las enmarcamos son fotografías.

Sí, eran imágenes de viaje que yo mandaba a mis amigos , en vez de decirles “Queridos amigos, hoy he estado en el bar tal y resulta que …” cogí un tipo de lenguaje, un tipo de escritura que envía percepciones a otro. Jorge Larrosa lo llamó “sensamientos”  a mí me gustó la expresión.

Una cosa que encontramos es que hay la necesidad del otro porque sin el otro muchas imágenes desaparecen, no existirían como tales.

En el 2001 yo escribí un libro, aquí en Barcelona, que se llama Si el otro no estuviera ahí. En él una frase Gilles Deleuze decía que si el otro no estuviera ahí no habría mundo, no habría percepción, no habría nada. Es evidente que esta idea de alteridad me ha conmovido desde entonces; de alguna manera no es un concepto sino una forma vital de estar en el mundo.

¿Es más como un interrogante definido o con un cierto camino?

Es como explorar por dentro, no tanto queriendo definir sino tratando de describir. Yo creo que el libro, siendo poético, porque lo es, no deja de ser una forma de pensar estas cuatro cosas: qué hay en eso de percibir, qué hay en el lenguaje, qué hay en eso de leer y escribir.

¿Es buscar lo esencial?

Sí, por eso la escritura es fragmentada, es breve, yo no intenté explorar un género, hay quienes han nombrado a esto microrrelatos. David Roas, el que hizo el prólogo, intenta caracterizarlo de esa manera, yo lo que digo es que no sólo me declaro ignorante sino inocente, no soy usuario del género.

Nos recuerda a narraciones que no son microrrelatos, que tampoco son imágenes fijas, sino algo que no llega a encasillarse en nada.

No busqué un efecto sino que quería contar cosas, que es lo más genuino, lo más primitivo que puede haber en un acto de escritura, que es tener algo para contar. A veces, creo que cuando uno se mete en la polémica del género, no se pregunta lo fundamental, que es si hay algo para contar, y a mí me pasaba eso con la literatura. Yo lo primero que busco es qué es lo que me quieren contar; si lo que me quieren contar me vale la pena. Se pueden llenar páginas pero: ¿tienes algo para contar?

“Doce mil kilómetros para darse cuenta de que uno quisiera estar así, allí.” ¿Dónde es ese allí?

Lo que pasa es que el allí no sé cuál era, y entonces hay un juego probablemente literario. No sé si es la infancia, la patria imaginada, la patria ilusoria, la utopía, no sé si es Argentina, tal vez me refiero a Brasil, no lo sé: no hay un origen geográfico.

¿Puede ser que tu propia patria sea tu lenguaje?

Cuando me vine a vivir aquí al Raval y notaba que no había nativos, decía que era el paraíso porque para mí todas las discusiones sobre cuál es la lengua o cuál es la identidad, quiénes somos, me aburren profundamente, ya que son discusiones de identidad política pero no de identidad literaria. Este lenguaje del cual dispongo, que está cargado de toda una historia que no es personal, es universal, sí que es mi patria, pero ésta cambia todo el tiempo como cambia mi identidad.

En tu libro, ¿hay algo de memoria o hay algo de querer que ese momento sea guardado?

Bueno, ahí sufro los efectos de la idea del instante. Un sitio donde detenerse, y guardar en la memoria. Creo que también está la idea de detención: si no hubiera un poco de detención, el tiempo no se ensancharía; además la piel tiene que estar abierta para percibirlo, si estoy encegado, si estoy enfurecido, si estoy ensordecido, no veo nada.

¿Y ese abrir la piel es también una mirilla, es decir una mirilla del viajante por donde miras en todo el libro de una forma especial?

Sí, pero para mí es diferente estar espiando el mundo protegido de él, desde el otro lado de la puerta, detrás de la ventana, que sentirse en medio de todo eso, donde la puerta se sabe de qué lado está y la ventana te parece que está de un lado y luego de otro.

En este libro hay un niño, un volver a sentir, abrir los poros para poder experimentar eso que quizá de mayores olvidamos.

A mí me duele inmensamente la distancia con mi propia infancia, ya tengo cincuenta y dos años y no puedo hacerme la ilusión de que está a la vuelta de la esquina. Cada vez es más difícil recuperar eso que se llama la atmósfera, eso que Virginia Woolf decía, podemos hacer de todo pero recuperar la atmósfera, jamás, entonces todo lo que se le parezca me conmueve.

¿Podemos decir que tu viaje ha sido y el libro es?

Sí, lo que hay en común aquí es que el viaje y el libro podrán continuar si la escritura no se me escapa de las manos, no para seguir escribiendo libros iguales sino para sostener esa capacidad de escribir mirando, de escribir escuchando. Si esto no ocurre, tanto el libro como el viaje habrán sido momentos que ocupan una época de la vida pero que no seguirán conmigo.

¿Crees que habrá una Barcelona, en Argentina o en Brasil? ¿Esos “poros” que se te abrieron aquí, que pudiese pasar lo mismo en otra parte?

Lo que hoy me llevo de Barcelona es la sensación de quitarle peso al mundo, de que nada es tan importante desde ese yo que habla. Me gustaría conservar este lenguaje que narra el encuentro pero que no opina, no se pone por encima, no es un lenguaje que toma posición. Transitar por un lenguaje sin juicio que es sumamente difícil.

¿Contento?

Muy contento, este libro que por casualidad me aceptaron, que yo envié en señal de amistad y no como objeto literario, ha hecho que mi viaje no haya sido solo académico y de intercambio con colegas. El libro produjo la diferencia, ha sido muy hermoso.

Submit your comment

Please enter your name

Your name is required

Please enter a valid email address

An email address is required

Please enter your message

Acrocorinto © 2017 All Rights Reserved

http://acrocorinto.com/wp-content/uploads/2011/12/acrocorinto3.jpg

Designed by WPSHOWER

Powered by WordPress